Dr. Zhivago...
Mientras vivió mi madre, enfermiza y afectada por la tuberculosis, nunca supe que mi padre hacía ya mucho tiempo que nos había abandonado; viajaba por las ciudades de Siberia y del extranjero, llevaba una vida disipada y malbarató muestro patrimonio. He vivido una vida marcada por las convulsiones de guerra y revolución que han trastocado los hábitos y los ritmos de un pueblo antiguo.
En la primavera de 1911 terminé mis estudios universitarios y me doctoré en medicina. A pesar de mi devoción intensa por el arte y la historia, consideraba que el arte no servía como vocación; en el sentido de que no puede ser una vocación la alegría innata o la tendencia a la melancolía.
Interesado por la física y las ciencias naturales, y considerando que me debía dedicar a algo universalmente útil, había elegido la medicina.
Durante el segundo otoño en guerra, Antonina Aléxandrovna, -mi mujer- dio a luz a un hijo varón. Confieso que no sentía ningún tipo de orgullo por el don gratuito de la paternidad. Para mí, aquel día, lo importante era Tonia, quien se había enfrentado a un peligro mortal y, por fortuna, logró superarlo.
La primera Gran Guerra y, más tarde, la Revolución soviética marcaron el itinerario y mi paisaje moscovita de amante del silencio y de la poesía.
El médico de guerra...
¡Qué tiempos aquellos! La historia convirtió al doctor Yuri Andréievich, también conocido como Dr. Zhivago, en médico de guerra. Y éste demostró siempre coraje y espíritu de servicio. Sus diagnósticos médicos le convirtieron en imprescindible en los hospitales improvisados a causa de la guerra.
Aunque le contó a un compañero y amigo sus dificultades en adapt
arse a la lógica sangrienta de exterminación mutua, ala vista de los heridos. Especialmente, ante el horror de ciertas heridas producidas por las armas modernas, ante los supervivientes de mutilados, reducidos por la técnica de la guerra a fragmentos de carne que no tenían nada de humano.
Hombre de fe, el doctor creía en el cristianismo, el misterio del individuo, es precisamente lo que hay que introducir en los hechos para que el hombre encuentre en ellos su sentido.
Los encuentros del Dr. Zhivago y Antípoda...
En el pueblo de Meliuzéiev, en la zona de las tierras negras,
el equipo formado por el Dr. Zhivago, el subteniente Galiulin, la enfermera Antípoda y algunos otros miembros del grupo, originarios de grandes ciudades, tuvo que asumir todas las tareas cerca y lejos del frente, como comisarios del ejército y en el servicio sanitario.
Escribía el doctor a su mujer: "... el desorden y la anarquía continúan en el ejército. Se toman medidas para mejorar la disciplina de los soldados y levantar su moral. He visitado las unidades situadas en la región, y te diré que trabajo aquí hombro con hombro con una tal Antípoda, una enfermera de Moscú oriunda de los Urales".
Lo nuevo, esta vez, era la guerra: su sangre, sus horrores y su salvajismo; las experiencias maduradas y la sabiduría de vida que le había proporcionado. También Antípoda, la enfermera, constituía algo nuevo lanzado por la guerra, desde qu
ien sabe dónde, con una vida completamente desconocida para él.
Cuando regresó a Moscú, la miseria marcaba el paisaje. La decisión de llevarse a toda su familia hacia los Urales, lejos de aquel infierno, le hizo vivir otro: el de la burocracia.
Aunque le contó a un compañero y amigo sus dificultades en adapt
"¡Qué felicidad trabajar para uno mismo y para la familia, construirse una casa, cultivar la tierra para alimentarse...!".
El doctor se enteró de que Tonia, su mujer, volvía a hallarse en estado. Al tiempo, un descubrimiento en la biblioteca -Antípova quien tenía una hija de 8 años, se había separado de su marido, el revolucionario Strélnikov-, y el amor revolucionaba de nuevo la vida del Dr. Zhivago. Médico y poeta, expresaba así sus sentimientos con el patrocinio de Hamlet: "Se apaga todo ruido. A escena salgo. Apoyado en la jamba de la puerta, voy recogiendo del lejano eco las cosas que suceden en mi siglo. Que, al fin y al cabo: vivir la vida no es cruzar un campo".
"¡Cómo me gustaría, tras el trabajo -la fatiga del trabajo de la tierra o de la práctica de la medicina-, hacer algo que quedase, algo capital, escribir algún trabajo científico o algo artístico!". *¿Una cualidad indispensable en las mujeres? : La ternura. *¿Cuales son sus autores preferidos? : Shakespeare, Tolstoi, Rainer, Maria Rilke, Verlaine. *Dígame un lema : El caos señorea las estancias.
*¿Qué detesta más Dr. Zhivago?: La guerra, la sangre y el exterminio.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados